A la mañana siguiente Manuela se despertó con un dolor de cabeza enorme y sin saber muy bien donde estaba. Cuando miró a los lados y vio a Vilches no se lo podía creer, ¡se habian acostado! Poco a poco empezaron a llegar a su cabeza como pasó todo. Se llevo las manos a la cabeza y suspiró. Estaba echa un lío, pero lo que menos le apetecía era que Vilches se despertará y tener que empezar a responder preguntas, por lo que con cuidado salió de la cama, recogió su ropa del suelo, se la puso y salió de la habitación. No le apetecía enfrentarse a él. En cuanto Manuela salió por la puerta Vilches se despertó, él también miró a los lados, con la diferencia de que no fué a Manuela a la que vió. A pesar de el dolor de cabeza que tenía, se levantó de la cama y al ver que la ropa de Manuela ya no estaba salió de la habitación poniendose lo primero que pilló, a ver si conseguía alcanzarla antes de que se fuera. Y lo hizo.
-Que pasa, ¿que no pensabas despedirte? -gritó Vilches cuando salió a la calle, algo enfadado.
Manuela suspiró y se dio la vuelta.
-Ah, ¿tenía que hacerlo? -contestó Manuela con esa prepotencia que le caracterizaba.
-Vaya, veo que no has cambiado nada Manuela -dijo Vilches con rabia.
-¿Sabes? Cambié una vez por un hombre, y la verdad que las cosas no me salieron del todo bien -dijo Manuela, a la cual enfadaba terriblemente esa actitud por parte de Vilches. -Pero tranquilo, está superado. Y perdón por no despedirme, pero los polvos de una noche son así, te acuestas con una persona y al día siguiente te vas antes de que se levante.
Los dos estaban enfadados, y cada cosa que decían dolía más al otro.
-Ah, osea que eso ha sido para ti, un polvo de una noche... Genial Manuela, genial.
Manuela soltó una carcajada irónica.
-No me hagas reir Vilches, los dos sabemos que ha sido eso, estábamos borrachos y nos acostamos YA ESTÁ. Esta tarde vuelves a Madrid y yo me quedo aquí, no pretendas que me comporté como si fuera amor.
-Pensaba que habías cambiado, de verdad, pero ya veo que no, que sigues siendo la misma mujer calculadora y fría a la que no le importa nada.
Esto último fue lo que más dolió a Manuela.
-No tienes derecho a juzgarme así Vilches. Ya me has dicho todo lo que piensas ¿no? Pues adiós.
No sabe de donde pero Manuela consiguió decir aquello como si no le afectase, como si realmente fuera la mujer fría y calculadora de la que Vilches hablaba. Sabía que acostarse con Vilches había sido un error, ¿pero que hacía? Él volvería a Madrid, y seguramente Cruz estaría allí esperándole, y ella se quedaría en Barcelona. Digamos que esto había sido como la "despedida" definitiva.
El día transcurrió con normalidad. En el Central no había mucho lío, asi que podían permitirse sentarse a tomar un café de vez en cuando. Cruz no trabaja, por lo que aprovechó el día para quedarse con María. Para su sorpresa, a eso de las 12 de la mañana, recibió una llamada.
-¿Si?
-Cruz, soy yo. Llegaré sobre las 8 de la tarde, pero no hace falta que vengas a buscarme, cojo un taxi.
-Hola eh -contestó Cruz- esta bien, y... ¿vienes a casa o...? -Cruz hizo esa pregunta sabiendo la respuesta.
-No... me quedo en mi piso, que me pilla más cerca y estoy reventado -dijo Vilches con desgana.
-Vale -contesto Cruz- enviame un mensaje para saber que has llegado bien.
-Que si...
-Oye Rodolfo... ¿estas bien? Te noto distante.
Vilches se quedó unos minutos en silencio. Llevaba toda la mañana dándole vueltas a la cabeza: aunque las cosas estuvieran mal con Cruz, él la quería y pensaba que lo mínimo que se merecía era saber lo que había pasado, al fin y al cabo, hacía ya tiempo que su relación estaba fría.
-Veras Cruz es que... ha pasado algo.
Cruz tragó saliva, se lo imaginaba, pero necesitaba escucharlo de el.
-¿Algo? ¿Que ha pasado?
-Me he acostado con otra Cruz, siento decírtelo por teléfono... pero creo que merecías saberlo.
Entonces Cruz notó como se le llenaban los ojos de lágrimas y no podía articular palabra.
-Cruz... ¿estas ahí? -preguntó Vilches al ver que no contestaba. Le dolía decirle esto así, pero necesitaba ser sincero con ella.
-Esta bien Rodolfo, hablamos cuando llegues, adiós.
Y con esto Cruz colgó el telefono, se secó las lagrimas e intento disimular lo mejor que pudo con María, aunque por dentro, estaba echa polvo.
Lunes, 8 de la mañana. Empezaban a llegar los primeros médicos al central. Raquel y Javier juntos, como siempre al igual que Maca y Esther, las cuales se separaban en recepción con un bonito beso. Sin embargo, ese día había un cambio... Vilches ya no venía acompañado, si no solo. El domingo por la noche cuando llegó, decidió ir a verla para hablar las cosas y definitivamente ya no estaban juntos, por lo que les tocaría evitarse por el hospital durante toda la semana. Ni cruz había preguntado, ni él le había dicho que la chica con la que se había acostado había sido Manuela.
La mañana transcurría entre urgencias y pacientes, y Maca llevaba toda la mañana haciendo cuentas que no le cuadraban en su despacho. Había repasado los gastos y las cuentas una y otra vez y efectivamente no había un error, el hospital estaba perdiendo dinero y cada vez iba peor. Quitar la planta de privados no había sido una buena idea... pero ella no servía para dirigir un hospital así. Suspiró y después de pensárselo durante mucho tiempo decidió hacer una llamada, la cual cambiaría por completo la vida de algunos.
Era Miércoles, y en el despacho de Maca se encontraban reunidas dos mujeres.
-Gracias por venir Manuela... si te digo la verdad pensé que no ibas a querer saber nada de este hospital -dijo Maca.
-Ya, yo tampoco sé muy bien que hago aquí -contestó Manuela.
-Verás... el hospital está perdiendo mucho dinero desde que cerramos la planta privada, y sinceramente, creo que no soy la persona indicada para dirigir este hospital. -dijo Maca, dando a entender que quería que Manuela volviese a dirigir el Central.
-¿Que quieres decirme? -Manuela sabía perfectamente lo que quería decir, pero así era ella, necesitaba escuchar que la necesitaban.
-Pues que deberías volver a dirigir este hospital Manuela, ¿que me dices?
Manuela dudó sobre que responder, pero finalmente aceptó. ¿Porque no? Volvía a ser la de siempre, o lo intentaba al menos. Y en el fondo, echaba de menos ese hospital.
-Esta bien, estoy preparada para volver a pelearme con quien haga falta para sacar adelante este hospital -bromeo Manuela.
-Genial, pues convocó una reunión para anunciarlo, y ya sabes... cuando quieras, este hospital vuelve a ser "tuyo" -dijo Maca sonriendo.
Y así fue. Maca convocó una reunión urgente que sorprendió enormemente a todos. Pero mayor fue la sorpresa cuando vieron entrar a Manuela al lado de Maca.
-Bueno, como os imaginareis os he convocado aquí para deciros que Manuela vuelve a ponerse al cargo del central. El hospital está muy mal, pierde mucho dineros y creo que es preciso que todo vuelva a estar como antes, hasta la dirección -dijo Maca sonriendo y mirando a Manuela.
-¿A que esté todo como antes te refieres a que se volverá a privatizar una parte del hospital?-preguntó Valeria.
-Si es necesario, sí -contestó Manuela.
Todos hablaban entre ellos pero la mayoría se alegraban de que Manuela volviera. Gimeno fue el primero en levantarse a saludarla, y a él le siguió el resto. Excepto Cruz, la cual en cuanto Maca terminó de hablar abandonó la sala. No le guardaba rencor a Manuela, pero simplemente no le apetecía poner buena cara y saludarla.
Pero no fue a ella a quien más sorprendió la llegada de Manuela al central, si no a Vilches, el cual entró tarde a la sala debido a una operación que se había alargado. Justo cuando el entró, Manuela se dirigía hacia la puerta para salir. Los dos se miraron, y entonces fue como si el tiempo se detuviese. Cuando Manuela pasó al lado de Vilches le susurró:
-Mira, el destino a vuelto a unirnos, vuelvo a ser tu jefa.
Y dicho esto abandono la sala, dejando a Vilches a cuadros.
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