sábado, 31 de agosto de 2013

22x03 Sinceridad.

Vilches esperaba a Cruz sentado en una mesa, con una copa en la mano pero la cabeza en otra parte. Lo que acababa de decirle Manuela le había dejado totalmente desconcertado. Vale que Manuela iba con alguna copa de más, pero quizás por eso llevaba razón, al fin y a cabo los borrachos nunca mienten.  Cuando quiso darse cuenta tenía a Cruz delante suya:
-Perdón, sé que he tardado un poco más de la cuenta, pero se me ha complicado na operación y no he podido escaparme -Dijo Cruz mientras se quitaba la chaqueta y se sentaba- ¿Tu que tal?
- ¿Yo? Eh... Bien -dijo Vilches con la mente en otro lado-
- Uy, eso no ha sonado muy convincente que digamos... Pero bueno, da igual, ¿cenamos?
- ¡Claro! -dijo él fingiendo una sonrisa, la cual Cruz notó pero no dio importancia porque no quería discutir.
La cena transcurrió tranquila, y después Vilches acompaño a Cruz a su casa pero esta vez no se quedo, prefirió irse a dormir solo.

En el otro lado de la ciudad las demás parejas del central seguían con su vida: Emilio y Valeria se comían a besos en el sofá de su apartamento, Javier y Raquel daban de comer a pequeño Alex entre risas, Maca y Esther veían una peli... Todos apuraban el tiempo que pasaban con su pareja.

Nuevo día en el central, todos van llegando poco a poco, Manuela llega temprano firma un par de altas y se encierra en su despacho, después de lo de ayer prefería no tener que ver a Vilches.
Maca y Esther llegaron abrazadas, riendose de cualquier tonteria.
-Ay, vosotras dos siempre igual eh... Cortaros un poquito -dijo Teresa mirando por encima de sus gafas-
-Anda Teresa, si en el fondo te encanta vernos felices! -dijo Maca riendose, después dio un pico a Esther y cada una se fue a su puesto.

Vilches y Cruz llegaron un poco más tarde, cada uno por su cuenta.
- ¿Que tal la noche? -preguntó Cruz mientras se ponía la bata-
- Bien, sin más... He descansado sin ti dandome patadas -dijo Vilches de broma-
- Y yo sin tus ronquidos -dijo Cruz riendose- pero esta noche duermes en mi casa, ¿vale? Que así ves a María...
- Esta bien, ya lo hablamos -dijo Vilches dándole un beso en la frente y salió.

Manuela llevaba toda la mañana dándole vueltas al encuentro con Vilches anoche en el bar, no sabe como fue capaz de soltarle todo eso e irse tan tranquila. Se había propuesto un millon de veces olvidarle, no hacerle caso y tratarle como un médico mas, pero la era imposible... Y eso de ovidarle le estaba costando mas de lo que pensaba.
- ¿Interrumpo? -dijo una voz desde la puerta
- Eh no, no.. Pasa Vilches -dijo Manuela, poniéndose un poco nerviosa ya que sabia que el tema de ayer iba a salir.
- Venía a que me firmaras estos papeles -dijo el poniendole unos papeles en la mesa, sin quitarle el ojo de encima.
- Ah, vale -dijo Manuela, fijando la vista en los papeles y firmándolos sin mirarle - ¿ya esta?
- Sí -dijo Vilches cogiendo los papeles, sin parar de mirarla, sabía que ella estaba nerviosa, y eso jugaba a su favor, ya que raramente ocurría- oye, ayer estabas más... Simpatica, no?
- ¿Ayer donde? -dijo Manuela haciendose la tonta, mientras recogía la mesa-
- En el bar. Y no te hagas la tonta, que habías bebido pero te acuerdas perfectamente -dijo Vilches mirandola.
- ¿En el bar? Pues no caigo -sin parar de recoger la mesa-
- Manuela, para. Estate quieta y mirame, que sabes de lo que te estoy hablando -le agarro el brazo para que parase, y la miro a los ojos- ¿Porque me soltaste todo eso y ahora haces como si nada?
- Pues... No lo sé, iba borracha Vilches, se me fué la cabeza... Y dije la primera tontería que se me ocurrio... No le des mas importancia.
- Pues la verdad, parecías muy sincera... -dijo Vilches mirandola, cogiendola del brazo aún.
- Pues no. Cuando la gente bebe dice tonterías, punto -le miró a los ojos 1 segundo y despues volvió a apartar la mirada- Y ahora porfavor, tengo que seguir trabajando... y tu también.
- No te creo Manuela, pero bueno, está claro que no vas a ser sincera, tu orgullo siempre se antepone a todo, y justo por eso acabamos con nuestra relación -dijo Vilches soltándola del brazo y dirigiendose a la puerta- Adiós.
Esto último sentó a Manuela como una patada en el corazón, pero no se permitió ni llorar, y siguió ordenando papeles, para mantener la mente ocupada en otro sitio que no fuera Vilches.

1 comentario: